MUDA QUEDÓ TU BANDURRIA
Muda quedó tu bandurria, huérfana, en mudo epitafio,
desafinada, dolida, pues no la tocan tus manos,
las que hacían sonar las notas, en inolvidable canto,
melodías cercenadas. Mudas, envueltas en llanto.
Aquella “Caja de música”, en mi corazón, sigue sonando,
“La Jota de La Dolores”, “María la Portuguesa”,
“Naranjitay”, “Noche de Ronda” cantando.
Tras tu temprana partida, nunca lo mismo han sonado.
24 años, sin verte rondar: han pasado 24,
sin que “Las cintas de tu capa”, al viento bailen volando.
Un trozo de corazón, lleva cada una, bordado.
Se marchitó cual “Clavelitos” la “Vallisoletana” de antaño.
¿Por qué? Me preguntaba aquel día.
¿Por qué? Sigo preguntando.
¿Por qué? Si nunca hay respuesta. Si la respuesta es mi llanto.
¿Por qué? Aquella madrugada, sentiste impulso inhumano,
de volar sin capa ni alas, para acabar tu calvario.
¿Por qué? Si la vida es hermosa, no encontraste la belleza,
Bandurria, Laúd, guitarra, junto a tu beca de Ciencias.
Con los tunos de esta tuna, que huérfanos lloran tu ausencia.
¿Por qué? Decidiste callado, aquel cruel y eterno vuelo,
¿Por qué? Sin adiós, sin abrazo de consuelo.
Sin verdades, sin mentiras…
Fuiste a estrellarte en el suelo, para quitarte la vida.
¿Por qué? Me duele el por qué, sin respuesta, sin salida.
Desde algún lugar del cosmos, sigue brillando tu estela,
componiendo mil canciones, entre nubes, luna, estrellas…
Sigues viniendo a mis sueños: al soñarte, me consuelas.
Aunque me siento impotente, porque no pude impedir tu pena.
No pude salvar tu vida, más, mi corazón no se arredra.
Vives, muchacho añorado. Vives en mi alma… mi estrella.
Que, aunque te fuiste, yo espero, esa melodía tan bella,
que dejaste entre las cuerdas, de tu bandurria hecha pena.
Llegó en 24 aniversario de tu vuelo y todos los años me nace escribirte. Sigues vivo en mi corazón y en el de esta familia.

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